19 Septiembre 2011

En el Perú gobierna un Nacionalista el Presidente Ollanta Humala Tasso la ministra es una intelectual llamada Patricia Salas Obrien nadie dice nada acerca de los miles y miles Profesores que no laboran como tal de uno a cinco años como tales(profesores) estos por necesidad deben laborar en otra cosa muchos se han suicidado matado , viajado fuera ,solo porque una minoría de estúpidos congresistas elegidos si por la democracia y han dado una ley de C.P.M entre gallos y media noche donde la oculta congresista aprista Mercedes Cabanillas cumplió una labor de propiciar la aprobación de esta ley con el supuesto lema de mejorar la educación Peruana .
A manera de reflexión esperemos que para el 2012 la actual administración sea prudente y luego de evaluar según la actual ministra Patricia Salas veremos qué hacer con la educación.
los notables educadores Peruanos y de diversas latitudes del mundo como de Europa ,Asia y de América Sajona afirman que una prueba o evaluación no mide la capacidad de un Profesor menos es factible un instrumento para darles un trabajo supuestamente fijo a un profesional de la educación (nombramiento ) .una manera de nombrar es que el gobierno habilite nombramiento 315mil maestros de todo el país y en el camino se eliminan a aquellos que no cumplan las expectativas de enseñanza es decir un nombramiento interino .aplique esto y verán como los profesores no duermen si no antes cada noche preparan sus clases convocan a su padres quien son los monitores los directores las ugeles el ministerio instituciones de la localidad se pide resultados pero en el ejercicio de maestro es decir laborando no haciendo colas para ingresar a un local a dar una supuesta prueba de nombramiento.
porque países como estados unidos no aplica este sistema a pregunto a las autoridades nacionales como el Presidente Ollanta Humala o señora Ministra Patricia Salas es que acaso Perú o latino América es el laboratorio de los organismo mundiales educacionales como son los que pertenecen a las naciones unidas o fondo monetario internacional porque señores todo se mueve por dinero poder y política
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por akira
sin comentarios
compártelo
9 Junio 2011
El sueño de Nietzsche consiste en reinstaurar la visión de un período histórico, en parte real, en parte imaginario, en que lo bueno era similar a lo fuerte, a lo violento, a lo aristocrático y en que lo malo resultaba equivalente de lo débil, lo bajo, lo plebeyo. Se trata de implantar socialmente el dominio de una elite que domine sin el freno de la culpa, negando la existencia de la verdad y ejerciendo la crueldad sobre los inferiores.
El
Anticristo (1889) constituye uno de los panfletos anticristianos más vitriólicos de la historia universal y seguramente también es uno de los más conocidos. En el mismo se califica al cristianismo de "más dañoso que cualquier vicio" (2). Se le atribuye haber "desencadenado una
guerra a muerte contra ese tipo
superior de hombre" (5). Se le acusa de ostentar "uno de los conceptos de Dios más corruptos a que se ha llegado en la tierra" (18). Se le moteja de "mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo" (31).
Se afirma que ser cristiano es "indecente" (38, 50), que para ser filólogo o médico hay que ser "anticristiano" (47) y que, en realidad, para ser cristiano "hay que estar lo bastante enfermo" (51). Se le convierte en objeto de desprecio al igual que a los socialistas y anarquistas (57) (un hecho pasado por alto por los empeñados en hallar en Nietzsche a un precursor de la izquierda). Finalmente, tras retratarlo como "vampiro del imperium romanum" (58) y como "la única gran maldición" (62), el filósofo añade una Ley contra el cristianismo.
En apariencia, Nietzsche ha desplazado su foco de interés de la cuestión que podríamos denominar "moral de los seres superiores versus moral judía" o, según sus propias palabras, "Roma contra Judea", hacia otra totalmente diferente, la de "filosofía versus cristianismo". En realidad, el pensamiento de Nietzsche no ha experimentado ninguna variación sino que, en todo caso, ha llegado a "la conclusión más coherente, la conclusión necesaria, de todo su camino mental". Precisamente por ello, los temas que ya vimos en La genealogía de la moral• siguen presentes aunque, en esta ocasión, el fuego se dirija de manera más concentrada sobre el cristianismo.
Para empezar, el filósofo sigue manteniendo una dicotomía, que ahora es incluso racial, entre la moral de los judíos, pueblo nefasto, y la aristocrática. Las afirmaciones ligadas a los primeros no pueden resultar más obvias aunque vienen, de hecho, a repetir lo que ya vimos en la obra anteriormente analizada:
"Los judíos son el pueblo más notable de la historia universal, porque, ante la alternativa de ser o no ser, han optado, con una consciencia totalmente inquietante, ser a cualquier coste. Ese coste ha sido la falsificación radical de toda naturaleza, de toda naturalidad, de toda realidad, lo mismo en el mundo interior que en el exterior. Los judíos han vuelto del revés de manera sucesiva, y de forma incurable, la religión, el culto, la moral, la historia, la psicología, convirtiendo esas cosas en la contradicción en relación con sus valores naturales.
Volvemos a encontrarnos otra vez con ese fenómeno, y en proporciones mucho mayores, aunque sólo como copia: si la comparamos con el "pueblo de los santos", la iglesia cristiana carece de cualquier posibilidad de ser original. Los judíos son, precisamente por eso, el pueblo más fatídico de la historia universal: en su efecto posterior han falseado hasta tal punto la humanidad que hoy hasta el cristiano puede albergar sentimientos antijudíos sin percatarse de que es la última consecuencia judía. En mi Genealogía de la moral he expuesto por primera vez, de forma psicológica, el concepto antitético de una moral aristocrática y de una moral de ressentiment, surgida esta última del no a la primera: y eso es lisa y llanamente la moral judeo-cristiana" (24).
Como puede verse, Nietzsche no ha abandonado el sendero trazado en la Genealogía. Simplemente regresa a él de manera consciente, profundiza en el mismo y en esa profundización entra en un terreno hasta ahora apenas esbozado, el del argumento racial. Frente a la amenaza judía, judeo-cristiana en realidad, deberían alzarse las razas nórdicas:
"No hace justicia ciertamente a las dotes religiosas, por no decir al gusto, de las fuertes razas de la Europa nórdica el que no hayan rechazado al Dios cristiano hasta la fecha. Tendrían que acabar con semejante engendro de la décadence, enfermizo y decrépito. Sin embargo, como no han acabado con él, pesa sobre ellas una maldición". (19).
Dado que "el cristiano es sólo un judío de confesión más libre" (44), la proscripción del cristianismo es indispensable. De hecho, cuanto más cercano es el cristianismo a sus raíces más repugnante le resulta. Por eso, el protestantismo, su rama "más irrefutable", le resulta más aborrecible que el catolicismo (61) y, sobre todo, resultan especialmente detestables los primeros cristianos:
"¿Qué se sigue de esto? Que uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. La proximidad de tanta mugre casi obliga a hacerlo. De la misma manera que no elegiríamos como amigos a unos judíos polacos, tampoco elegiríamos a unos primeros cristianos. Ni siquiera es necesario presentar una objeción contra ellos. Ni los unos ni los otros huelen bien" (46). Esta proscripción de judíos y cristianos, esa abolición del monoteísmo (19) significará el regreso de la moral buena, de la moral aristocrática, de la moral de los señores. Naturalmente, una transformación de semejantes características debe tener claras repercusiones socio-políticas. Nietzsche lo sabe e indica inmediatamente cuál sería la forma ideal que adquirirían las mismas.
Su cristalización sería entonces un orden similar a la sociedad de castas de la India, un sistema —inamovible e intraspasable— implantado por los conquistadores arios sobre las razas inferiores en el segundo milenio a. de C.: "Establecer un código al estilo de Manú implica otorgar en lo sucesivo a un pueblo el derecho a llegar a ser maestro, a llegar a ser perfecto, ambicionar el arte supremo de la vida. Para ello hay que hacerlo inconsciente: esa es la meta de toda mentira santa. El orden de castas, que es la ley suprema, dominante, constituye sólo el reconocimiento de un orden natural, de una legalidad natural de primer orden, contra la que nada puede ningún antojo, ninguna idea moderna. En toda sociedad saludable se distinguen, de manera recíprocamente condicionada, tres tipos de distinta gravitación fisiológica. Cada uno de ellos cuenta con una higiene propia, con un área de trabajo propia, con una clase de sentimiento de perfección propia y con una clase de dominio propio. Es la naturaleza, no Manú, la que establece separaciones entre los predominantemente espirituales, los predominantemente fuertes en lo que a músculos y genio se refiere, y los terceros, los que no sobresalen en ninguna de las dos cosas, los mediocres. Estos últimos son la inmensa mayoría y los primeros, lo selecto. La casta superior —yo la denomino los menos— tiene también, por ser la perfecta, los privilegios de los menos: entre los mismos se cuenta el de representar en la tierra la felicidad, la belleza, la bondad. La belleza, lo bello sólo les está permitido a los hombres más espirituales: sólo en ellos la bondad no es debilidad. El orden de castas, la jerarquía, se limita a formular la ley suprema de la vida misma, la separación de los tres tipos es necesaria para la conservación de la sociedad, para la posibilitación de tipos superiores y supremos, —la desigualdad de derechos es la condición primera para que llegue a haber derechos. ¿A quién es a quien yo más odio, entre la moralla de hoy? A la morralla de los socialistas, a los apóstoles de los chandalas, que con su diminuto ser arruinan el instinto, el placer, el sentimiento de satisfacción del obrero. La injusticia no está nunca en los derechos desiguales, sino en exigir derechos iguales. El anarquista y el cristiano son de una misma procedencia".( 57).
El cuadro social descrito por Nietzsche en las líneas precedentes no puede resultar más explícito. La Naturaleza exige un orden natural. Este no es otro que el dominio de los menos (los más fuertes, los más espirituales) sobre la mayoría de los mediocres. El modelo ideal es por ello el del sistema indio de castas que permite la dominación de un número reducido sobre la gran masa, masa a la que es imperativo mentir (con "mentira santa", según la terminología de Nietzsche) y además mantener aislada de cualquier idea que signifique su promoción o su petición de derechos. En ese sentido, los socialistas y los anarquistas son repulsivos porque abogan por los débiles y menesterosos. Con tal acción sólo demuestran que su procedencia es la misma que la de los cristianos. (IV).
El breve repaso que hemos efectuado de las dos obras centrales del filósofo alemán nos permite descubrir algunos elementos de enorme relevancia. El sueño de Nietzsche, expresado en sus justos términos, consiste en reinstaurar la visión de un período histórico, en parte real, en parte imaginario, en que lo bueno era similar a lo fuerte, a lo violento, a lo aristocrático y en que lo malo resultaba equivalente de lo débil, lo bajo, lo plebeyo. Se trata de implantar socialmente el dominio de una elite —que cuenta paralelos, por ejemplo, en la secta islámica de los asesinos— que domine sin el freno de la culpa, negando la existencia de la verdad y ejerciendo la crueldad sobre los inferiores.
Semejante salto en la moral choca con un claro enemigo, el nefasto pueblo judío que ya ha subvertido los valores de la moral señorial, y ha inoculado los suyos propios en el cristianismo transmitiéndolos así a Occidente. Corresponde pues a las razas germánicas sacudirse el monoteísmo y la moral judeo-cristiana, proscribir el cristianismo, hijo espiritual del judaísmo. Tales medidas permitirán implantar una sociedad elitista, basada en la desigualdad y la jerarquía, al estilo del sistema ario de castas existente desde hace milenios en la India. En ella, los más, los mediocres, serán engañados y mantenidos en una ignorancia feliz de la que no debe sacarlos el cristianismo. Para lograr esa finalidad sería una medida de enorme valor la promulgación de una ley contra el cristianismo que lo erradique finalmente de la faz de la tierra aniquilando sus lugares sagrados y convirtiendo en parias (chandalas en el lenguaje de Nietzsche) a sus sacerdotes a los que "se proscribirá, se hará morir de hambre, se arrojará a todo tipo de desierto" (Artículo quinto).
Pese al carácter más discursivo que sistemático de las obras citadas, Nietzsche consiguió trazar en las mismas con sorprendente nitidez las líneas maestras de una nueva sociedad basada en la moral del señor, del super-hombre, un ser sin frenos y legitimado por el poder y la violencia. Asimismo señaló, sin ningún género de dudas, el supuesto mal moral de su tiempo, su origen y sus manifestaciones. Finalmente, apuntó al remedio directo contra el mismo, un remedio escrito con referencias al uso despiadado de la fuerza, a la crueldad placentera descargada sobre el débil, a la manipulación de los "inferiores", a la eliminación de los defensores de otra moral. Que todos estos elementos —moral elitista y anti-cristiana, antisemitismo, sociedad de castas, superioridad de la raza nórdica, etc— se encarnaron trágicamente en el nazismo parece que no admite discusión.
Si alguien llevó hasta sus últimas consecuencias esta cosmo-visión que, por otro lado, compartía, fue, sin duda, Hitler. Sin embargo, este aspecto provoca a su vez una nueva cuestión. ¿Cómo es posible que un autor tan claramente pre-nazi pudiera ser convertido en un símbolo de la izquierda? Las razones son, a nuestro juicio, más evidentes de lo que pueda parecer a primera vista. El fascismo nació del ala izquierda del partido socialista italiano y el nazismo no es sino un apócope de nacional-socialismo. En ambos casos, Mussolini y Hitler nunca se definieron como anti-socialistas sino, más bien, como los verdaderos socialistas y, seguramente, en el futuro habrá que considerar la lucha entre el fascismo y los marxismos no como un enfrentamiento de cosmovisiones incompatibles sino como una manifestación del odio que suele caracterizar a las disputas entre hermanos. De hecho, las obras que hemos visto de Nietzsche cuentan con elementos especialmente gratos al pensamiento de izquierdas. En sus páginas encontramos anticlericalismo, la noción de una elite que gobierna sobre la masa —un concepto medularmente leninista— y la insistencia en la ruptura con los valores morales de raíz cristiana para sustituirlos por otros en los que la violencia cuenta con un papel esencial.
Que hasta ahí los escritores de izquierdas pudieran tomar de Nietzsche no era extraño sino más bien obligado. Esta absorción de elementos, sin embargo, no se limitó a lo señalado. Tomemos, por ejemplo, el caso del antisemitismo. En teoría, el socialismo está desprovisto de sentimientos racistas. Lo cierto, sin embargo, es que el propio Marx fue autor de uno de los panfletos más anti-judíos de la Historia contemporánea y que, so capa de anti-sionismo, ese antisemitismo ha seguido campando por sus respetos en el seno de la izquierda. La misma admiración por Alemania —el país donde, según Marx, debería producirse en primer lugar la revolución proletaria— que tuvo lugar durante las primeras generaciones de marxistas no deja de presentar un paralelo inquietante. Finalmente, Nietzsche compartía una visión de la intelectualidad nacida con la Ilustración del siglo XVIII, continuada con la Revolución francesa y consagrada en la izquierda del siglo XX. Aunque esa visión elitista pueda apelar ocasionalmente al pueblo no oculta apenas que éste es una masa amorfa a la que hay que guiar y que si no se deja conducir sólo se debe a su alineación, su ignorancia y su opresión por poderes perversos. En otras palabras, el pueblo es pueblo si sigue los cantos de sirena de las izquierdas y si no deja de ser pueblo para convertirse en reacción. No resulta extraño que Nietzsche, como los nazis o los intelectuales de izquierdas, aborrecieran tanto al clero. Al fin y a la postre, ansiaban sustituirles en la detentación del poder espiritual sobre las masas.
Concluyendo, por lo tanto, debemos señalar que, ciertamente, Nietzsche fue un precursor ideológico del nacional-socialismo alemán pero, precisamente por ello, ha podido ser reivindicado por la izquierda. Los puntos de contacto entre ambas ideologías, como ya supo señalar Hayek en Camino de servidumbre, son numerosos y no precisamente como fruto de la casualidad.Ee
servido por akira
sin comentarios
compártelo
28 Abril 2011
Andy Williams - "El padrino"
Estoy sintiendo tu perfume embriagador
y tus palabras susurrar a media voz
y soy feliz al comprender
que está llamando a mi puerta el amor
por eso hoy mi mundo es
amanecer de un nuevo sol
intensamente estoy viviendo la emoción
que ha despertado el volcán de tu ilusión
y al escuchar tu corazón
entre mis brazos lo he fundido con mi amor
por eso hoy mi mundo es
amanecer de un nuevo sol
Nosotros somos el milagro del amor
que ha de vivir eternamente entre los dos
y el manantial de la ilusión
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por akira
sin comentarios
compártelo
15 Marzo 2011
María Tudor: Primogénita de Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón. Tras cuatro embarazos frustrados, Catalina consiguió dar a luz a una niña sana, María. A pesar de que los deseos del Rey era el haber tenido un hijo varón, estuvo muy contento con María. De hecho, pasado un tiempo y viendo que Catalina no podía tener más hijos, Enrique comenzó a tantear el terreno para una posible sucesión de María. Llegó a ser la niña mimada del reino. Catalina se esmeró en darle a su hija la mejor educación, y la popularidad de Enrique aumentaba cuando se dejaba ver en público con su hija. María sufrió como nadie la separación de sus padres y la llegada al poder de Ana Bolena, que nunca vió con buenos ojos a la niña, al igual que a su madre. María fue separada de Catalina y ni siquiera se le permitió acudir a su entierro cuando Catalina murió. Ascenderá al trono como María I de Inglaterra, tras la muerte de su hermano Edward.
Henry Fitzroy: hijo ilegítimo de Enrique VIII y una de sus amantes, que era dama de Catalina, Bessie Blunt. Fue el primer hijo varón que por fín, pudo tener Enrique. Lo reconoció y le dió el título de Conde de Nottingham y Duque de Richmond y Somerset. Estuvieron a punto de nombrarlo heredero al ver que Enrique no tenía hijos varones legítimos. El Rey siempre estuvo muy pendiente de su educación. Henry murió a la edad de 17 años aquejado de tuberculosis, casi al mismo tiempo que llegaba la ley del Parlamento por la que se aceptaba que el Rey lo nombrara su heredero
Elizabeth Tudor: hija de Enrique VIII y su segunda esposa, Ana Bolena. Su madre fue ejecutada acusada de alta traición cuando la pequeña Elizabeth contaba solo 3 años. Al mismo tiempo, fue declarada hija ilegítima. Durante todo este tiempo vivió alejada de la Corte, hasta que llegó la última esposa de su padre, Catalina Parr y consiguió la reconciliación de ésta y su hermanastra María con su padre, al mismo tiempo que las volvía a incluir en la línea sucesoria por detrás de Edward. Se dice de ella que tenía muchas de las cualidades de su madre. Entre otras, era fiel a la Fé Protestante, al contrario que María que siempre fue una ferviente católica. Algo en lo que ambas chocarán constantemente. Reinará como Elizabeth I de Inglaterra
Edward Tudor: Hijo de Enrique VIII y su tercera esposa Jane Seymour. Por fin Enrique tenía un hijo varón legítimo. Aunque su felicidad se vió empañada cuando su esposa Jane murió a los doce días de dar a luz a su hijo. Lo nombraron Duque de Cornualles, nunca Príncipe de Gales. Fue un niño enfermizo, lo cual hizo que Enrique siguiera buscando otro varón desesperadamente, por lo que pudiera pasar. Recibió una gran educación y fue un niño muy inteligente, siendo capaz de hablar varios idiomas. Reinó como Edward VI de Inglaterra. Fue criado en la Fé Protestante, por tanto, al verse enfermo y al borde de la muerte, no quiso que le sucediera su hermanastra María, defensora del catolicismo, aunque no consiguió impedirlo. Murió a la edad de 16 año
“No te daré mucho trabajo, tengo el cuello muy fino”. Estas palabras, dirigidas al verdugo que debía decapitarla con una espada, fueron las últimas que pronunció Ana Bolena antes de morir en el cadalso. Bolena se convirtió en la obsesión de Enrique VIII. Por conseguirla, el monarca anuló su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos; se enfrentó a Carlos V, sobrino de ésta; y rompió con la Iglesia católica, a la que pertenecía.
Sin embargo, esta mujer, después de contraer matrimonio, quedó en manos de un monarca inconstante, que no dudó en inventar cargos contra ella, algunos absurdos (practicar la brujería para convertirlo en su esposo, mantener relaciones con cinco hombres, cometer incesto con su hermano George Bolena…) para conseguir su decapitación. Las siguientes esposas no tuvieron mucha más suerte.
Enrique era un apasionado de las mujeres, a pesar de no ser un gran amante. Ya desde pequeño tuvo problemas con su peso. Era un niño gordito, muy aficionado a los pasteles, chocolates y uvas. Su madre le regañaba por comer a deshoras. De mayor, la falta de ejercicio lo convirtió en un monarca obeso, aunque era simpático y bromista con las mujeres.
Al parecer, cuando Enrique VIII engordó y envejeció, dejó de ser buen amante. Sus mujeres sentían rechazo e, incluso, llegaron a reírse de él. Las que lo engañaron, le contaron a sus amantes las intimidades del decrépito monarca. Aún así, algunas lo quisieron. También lo amaban sus súbditos: el carácter duro y tiránico de este monarca, sobre todo en sus últimos tiempos, no supuso un obstáculo para contar con la fidelidad y el cariño de su pueblo.
La primera esposa de Enrique fue Catalina de Aragón (1485-1536), hija de los Reyes Católicos. Cuando Catalina tenía tres años, sus padres la comprometieron con el hermano mayor de Enrique, Arturo, que sólo tenía dos años de edad. Con casi 16 años, Catalina se casó con éste. A los pocos meses de celebrarse el enlace, Arturo, contrajo una infección y murió dejando a Catalina viuda y virgen.
Catalina de Aragón
Un retrato posterior de Catalina
El padre del futuro Enrique VIII, Enrique VII, deseoso de mantener la alianza entre Inglaterra y España, decidió que su hijo menor se casara con la joven viuda. Aunque el primer matrimonio no se había consumado, según afirmaba Catalina, se obtuvo una dispensa papal para despejar las dudas acerca de la legitimidad del segundo casamiento.
Tras la muerte de su padre, Enrique VIII subió al trono en 1509. Contrajo matrimonio con Catalina nueve semanas antes de su coronación. Su matrimonio, sin duda, se debía a razones de Estado, no al amor.
Coronación de Enrique VIII y Catalina de Aragón
Al parecer, la reina se quedó embarazada al menos seis veces, pero sólo sobrevivió una niña, María Tudor. Enrique tuvo varias concubinas, como María Bolena e Isabel Blount, con quien tuvo un hijo ilegítimo. Pero el monarca deseaba un hijo varón legítimo. Cuando Catalina cumplió los 42 años y parecía que ya no podría tener más niños, Enrique se interesó por la hermana de María Bolena, Ana (1500?-1536)).
Retrato de Ana Bolena
Se obsesionó con esta joven, a pesar de que no era una gran belleza. Al parecer, al verla representar una obra de teatro, el rey se sintió fascinado por su atractivo y empezó a cortejarla. Pero Ana no quería ser una simple amante, como había sido su propia hermana María, de modo que le negó sus favores sexuales hasta que la hiciera su esposa.
Ana había pasado años en la corte de Francia y allí se convirtió en una joven sofisticada, que hablaba con soltura francés, y vestía con elegancia. Tenía unos bellos ojos; un largo cuello; mucho encanto y una gran facilidad para tocar instrumentos musicales, bailar y declamar. Sabía que todas esas cualidades y su inteligencia pondrían al rey a sus pies y la convertirían en reina de Inglaterra.
Se dijo de ella que tenía numerosas verrugas y lunares y un sexto dedo en una de sus manos, pero quizás fueron invenciones del pueblo, que nunca la aceptó, porque resulta extraño que, con tantas imperfecciones, el rey se enamorase tan perdidamente de ella. Su pasión por Ana quedó reflejada en 17 cartas amorosas que le escribió y que, actualmente, se conservan en la Biblioteca del Vaticano.
Pero, para casarse con Ana, Enrique primero tenía que conseguir la nulidad de su matrimonio con Catalina. Era difícil conseguir dicha nulidad por impedimento de parentesco ya que la reina Catalina había testificado que su matrimonio con Arturo no había sido consumado. El monarca apeló directamente a la Santa Sede. Envió a su secretario William Knight a Roma para que transmitiera al Papa Clemente VII que la Bula del Papa Julio II había sido obtenida mediante engaños y era nula. Cuando Catalina tuvo noticia del proyecto de su marido de anular el matrimonio se alteró mucho. También apeló al Papa, que consideró que la apoyaría, siendo su sobrino Carlos V, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Enrique estaba decidido a romper su matrimonio y fue despojando de su poder y riqueza a todos los miembros de la Iglesia de Inglaterra que se opusieran a sus pretensiones. Convirtió a Thomas Cranmer en el nuevo arzobispo de Canterbury.
Ana Bolena
A finales de 1532, Ana, ante la insistencia de Enrique de tener relaciones sexuales, terminó cediendo y en diciembre se quedó embarazada. El 25 de enero de 1533 contrajeron matrimonio en secreto. Cranmer declaró la nulidad del matrimonio con Catalina, y sostuvo la validez del matrimonio con Ana. Enrique se separó de la Iglesia Católica de Roma (cisma anglicano) y se hizo reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra. Clemente VII, que, después de sus dudas y ambivalencias, consideró legítimo el matrimonio con Catalina, excomulgó a Enrique.
Catalina de Aragón, confinada en varios castillos húmedos y malsanos, nunca renunció a sus derechos de reina ni aceptó la nulidad de su matrimonio. En el castillo de Kimbolton, murió de cáncer el 7 de enero de 1536, a la edad de 50 años.
El parlamento dio el visto bueno al matrimonio entre Enrique y Ana Bolena en el Acta de Sucesión de 1534. Todos los adultos fueron obligados a admitir lo dispuesto en esta Acta; quienes la rechazaban eran condenados a prisión de por vida. La publicación de cualquier escrito en el que se indicase que el matrimonio de Enrique con Ana no era válido se consideraba un delito de alta traición, castigado con pena de muerte. Algunos opositores, entre ellos Tomás Moro, fueron ejecutados.
Pero, después de tres años de convivencia, también Ana Bolena dejó de atraer al monarca. Enrique, además, estaba decepcionado de ella porque tampoco le había dado un hijo varón, la princesa Isabel no era suficiente. Ana tuvo dos embarazos más, uno de ellos de un hijo varón, pero no sobrevivieron. La relación entre ambos se enfrió rápidamente.
Tampoco el pueblo aceptaba a Ana (a la que llamaban “la ramera del rey”), sobre todo por su orgullo. Por otra parte, el rey contrajo la sífilis, lo que agrió aún más su carácter. Pero, sin duda, una de las principales causas que contribuyó a que su matrimonio fracasara fue Jane Seymor, una doncella de la corte que se convirtió en el nuevo capricho del monarca.
Jane Seymor
Para deshacerse de Ana, la acusó de diversos delitos: usar la brujería para convertirlo en su esposo, tener relaciones adúlteras con cinco hombres, cometer incesto con su hermano George Bolena, Vizconde de Rochford, injuriar al Rey y conspirar para asesinarlo, lo que se consideraba alta traición.
En mayo de 1536, se condenó a Ana y a su hermano a muerte: el Rey debía elegir si por la hoguera o por decapitación. Los otros cuatro hombres, acusados de tener relaciones con Ana, fueron condenados a ser colgados, ahogados y descuartizados. George Bolena fue decapitado, después de celebrarse el juicio; los otros cuatro condenados consiguieron que su pena fuese conmutada por decapitación.
Ana también fue decapitada al poco tiempo. El rey la mandó a la Torre de Londres y le arrebató a Isabel, a la que declaró bastarda. Encerrada en la Torre, Ana fue consciente de que su vida se acababa, comenzó a aterrorizarse y a llorar de manera histérica con frecuencia. Sin embargo, el día de la ejecución, Ana mostró una gran entereza y dignidad e hizo el famoso comentario sobre su delgado cuello.
A los pocos días de ser decapitada Ana, Enrique VIII se casó con Jane Seymour (1509-1537). El Acta de Sucesión de 1536 declaró a los hijos de la reina Jane dentro de la línea de sucesoria, excluyendo a Lady María y a Lady Isabel.
Jane Seymour
Por fin, Enrique VIII tuvo, con esta esposa, su ansiado hijo varón, el príncipe Eduardo. Jane dio a luz en 1537; asistió, muy débil al bautizo de su hijo, y falleció dos semanas después. El rey la consideró siempre su “verdadera” esposa, porque fue la única que le dio el heredero varón que tanto deseaba. Enrique la enterró en la Capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor, lugar que él había destinado para su propia tumba.
Curiosa escena familiar la del cuadro de la imagen superior. En él aparecen, en primer plano, de izquierda a derecha: la princesa María Tudor, el príncipe Eduardo, Enrique VIII, Jane Seymour (que, realmente, ya había fallecido) y la princesa Isabel.
El príncipe Eduardo
Eduardo era un niño muy débil y el monarca decidió que debía volver a casarse para tener otro varón más saludable. Le sugirieron que lo hiciese con Ana de Cleves (1515-1557) , hermana del protestante Duque de Cleves, que sería un importante aliado en el caso de que Roma atacara a Inglaterra.
Ana de Cleves
Hans Holbein el Joven pintó un retrato de Ana para el rey. A Enrique le agradó el retrato y decidió desposarse con ella. Pero cuando Ana llegó a Inglaterra, el rey no la encontró nada atractiva e, incluso, la llamó en privado “la yegua de Flandes”. El pintor decidió favorecerla en el retrato y no mostrar su cara picada de viruela. A pesar de su gran decepción, Enrique contrajo matrimonio con ella el 6 de enero de 1540. Este enlace respondió a razones políticas, como el que contrajo con Catalina de Aragón.
Retrato de Ana, pintado por Hans Holbein el Joven
Pero, al poco tiempo, Enrique quiso terminar el matrimonio. La reina no le gustaba y, además, el Duque de Cleves se había enfrentado al Emperador del Sacro Imperio Romano, con quien Enrique no quería tener dificultades. A diferencia de Catalina, la reina Ana, sabiendo lo peligroso que era su marido cuando quería conseguir una ruptura, no puso obstáculos a la anulación. Testificó que el casamiento no se había consumado y afirmó que Enrique cada noche entraba en su habitación para besarla en la frente y desearle las buenas noches.
El matrimonio fue declarado nulo. Ana recibió el título de “Hermana del rey” y recibió el castillo de Haver, la ex residencia de la familia de Ana Bolena. Su vida transcurrió, de forma discreta, fuera de la corte.
El 28 de julio de 1540, Enrique se casó con la joven Catalina Howard (1521-1542), a la que él llamaba “la rosa sin espinas”, y que era prima de Ana Bolena. Catalina era dama de compañía de la reina Ana de Cleves. El rey la convirtió en su amante y, cuando consiguió la nulidad de su matrimonio con Ana, la hizo su esposa. Enrique tenía casi 50 años, Catalina sólo 19.
Catalina Howard
Enrique, un hombre ya mayor y obeso (medía 137 centímetros de cintura), obsequió a su joven mujer con joyas y otros valiosos regalos, pero aún así no consiguió interesarla. A ella le desagradaba el cuerpo de su esposo y pronto buscó amantes jóvenes y atractivos. Uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper, se convirtió en su amante.
Los rumores de sus infidelidades llegaron hasta los oídos del monarca que, en un principio, no quiso creerlos, pero cuando las evidencias fueron claras, Enrique mandó vigilarla. Se descubrió una carta de amor que había escrito a Culpeper. Fue acusada de adulterio que, en el caso de la reina, significaba también delito de traición.
La reina fue encerrada en la abadía de Middlesex en invierno de 1541. Sus amantes, Thomas Culpeper y Francis Dereham, fueron ejecutados el 8 de diciembre. Catalina fue llevada a la Torre de Londres el 10 de febrero de 1542. La noche anterior a su ejecución, pasó horas practicando como colocar su cabeza sobre el cadalso. El 13 de febrero de 1542 subió al cadalso con gran dignidad, aunque estaba pálida y aterrorizada. Antes de morir, pidió perdón a su familia y rezó por la salvación de su alma. Fue enterrada junto a su prima Ana Bolena.
La última esposa de Enrique VIII fue Catalina Parr (1512-1548). Catalina era una viuda, perteneciente a la nobleza, que había recibido una exquisita educación. Se había casado ya en dos anteriores ocasiones: con Lord Edward Borough, que falleció en 1533; y con Lord Latimer, que murió en 1543. Tras esta muerte, Catalina, convertida en una rica viuda de 31 años, empezó una relación con Thomas Seymour, hermano de la difunta reina Jane Seymour. Pero el rey irrumpió en la vida de Catalina impidiendo que pudiera contraer matrimonio con Seymour. Por lo visto, ella fue a la corte a pedir clemencia por la mujer de su hermano, acusada de adulterio con pruebas concluyentes. El monarca aprovechó la ocasión para pedirle que lo aceptase como esposo y ella consideró un deber hacerlo.
Catalina Parr
Se casaron el 12 de julio de 1543. Catalina medió en la reconciliación de Enrique con sus hijas, María e Isabel, y mantuvo también una buena relación con el príncipe Eduardo, futuro rey Eduardo VI.
Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1547. Fue sepultado en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, al lado de Jane Seymour. Sus últimos años fueron muy difíciles, debilitado por la gota, aguantando fuertes dolores, su estado físico fue progresivamente empeorando hasta su fallecimiento.
Después de la muerte del rey, Catalina se casó casi de inmediato con Tomás Seymour, pero su felicidad no duró mucho. Tomó bajo su tutela a la princesa Isabel, pero su marido fue acusado de abusar de la adolescente princesa Isabel, que tuvo que salir de la mansión donde los tres residían. Por otro lado, Catalina, que no había tenido hijos de sus anteriores matrimonios, quedó embarazada y murió, con 37 años, por complicaciones en el parto.
Curiosamentre, en 1782 un caballero llamado John Lucas descubrió el ataúd de la reina Catalina entre las ruinas del castillo de Sudeley. Cuando abrió el féretro, encontró el cuerpo, después de 234 años, en un asombroso estado de conservación. Tomó unos cuantos mechones del cabello del cadáver y cerró de nuevo el ataúd. Cuando el féretro se abrió de nuevo de forma oficial en 1817 sólo quedaban restos de un esqueleto.
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por akira
sin comentarios
compártelo
6 Febrero 2011
Hotmail es un proveedor de correo electrónico tanto gratuito como de pago. Tienen presencia en gran parte del mundo. Actualmente pertenece a MSN, empresa de Microsoft.
Sabber Bhatia originario de la Chandigarh (India), llegó a los Angeles California en 1988. El Instituto Tecnológico de California le otorgo una beca. Pensaba titularse y regresar a su país a trabajar, quizá como un ingeniero.
Cuatro años después, como estudiante de posgrado en la Universidad Stanford, Bhatia acudía a comidas donde oía hablar a empresarios de éxito. Cuando se graduó no quizo regresar a su país, así que con un amigo de la universidad llamado Jack Smith, aceptó un empleo de ingeniero en computación en Apple Computer.
Bhatia empezo a asistir a fiestas de grupos de empresarios, y en las conversaciones escuchaba de gentes que decía que creaban una idea y la vendían en millones de dólares. Esas conversaciones se las contaba a su amigo Jack Smith y juntos empezarón a creer sus propias ideas.
Querían enviarse correos electrónicos pero temían que sus jefes los leyeras y los acusarán de trabajar en proyectos personales.
Un día llamando por teléfono a Smith se le ocurrió una idea, crear un servicio de correo electrónico simple, seguro y gratuito, y que pudiera ser consultado desde cualquier parte del mundo, yá que funcionaría através de Internet. Bhatia se entusiasmo con la idea, le pidió a su amigo que colgará el teléfono porque no quería que nadie les escuchará hablar de ello.
Al principio de Bathia y Smith les costó trabajo sacar su proyecto. Pero el 4 de Julio de 1996 el día de la Independencia estadounidense, para simbolizar la libertad de la Red frente al poder establecido de las corporaciones lanzaron su compañía llamada HoTMaiL.
Fue una corporación, Microsoft, la que se interesó primero por el proyecto, que crecía a ritmos endiablados: un millón de suscriptores a la semana, más de 100.000 al día, nueve millones en total. Ningún otro servicio de correo ha crecido tanto y tan deprisa. La leyenda dice que la empresa de Bill Gates ofreció 200 millones de dólares, y que Bahtia los rechazó de plano: pidió 500. Microsoft compró Hotmail, finalmente, en diciembre de 1997. Pagó 400 millones por ella. Hotmail tiene ahora 220 millones de usuarios.
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por akira
sin comentarios
compártelo
30 Noviembre 2009
En la costa norte del Perú se desarrollo una de las culturas mas notables que el mundo halla conocido sus testimonio refleja la grandeza que esta civilización logro en el pasado testimonio de estos logros son los reciente descubrimiento realizados en el presente siglo XX por parte de los estudiosos del pasado desde la época de tello y max uhler hasta las recientes investigaciones de alva .
Uno de los más importantes desarrollos de los estudios sobre la cultura Mochica en los últimos diez años es la cada vez más clara división entre una esfera sur y una esfera norte geográficamente separadas por la Pampa de Paiján. En estas dos áreas de la costa norte peruana entidades políticas de diferente grado de complejidad se desarrollaron entre los años 100 y 750 d.C. La adscripción de todos los Mochicas a una sola entidad política parece derivar de una falta de análisis de variaciones regionales en todos los aspectos de la cultura material, del énfasis de los estudios arqueológicos desde principios de siglo en el área de los valles de Moche y Chicama, centro de la esfera Mochica del sur, y de la escasez de colecciones comparativas de Mochica del norte. Los Mochicas del sur parecen haber sido un estado unificado que se embarco en un proceso de expansión hacia el sur durante las fases III y IV. Aun cuando los Mochicas del norte y sur siguieron diferentes líneas de desarrollo todas compartieron estrategias económicas, organizaciones sociales y prácticas y creencias ideológicas. En este artículo presentamos las evidencias disponibles para postular la división e interpretamos las circunstancias históricas y ecológicas que generaron las diferentes sendas de desarrollo.
Introducción
En los últimos años la arqueología de la costa norte del Perú, y particularmente la arqueología Mochica, han experimentado un inusitado desarrollo, especialmente a partir del descubrimiento y excavación de las tumbas reales de Sipán en 1987. El renovado interés que existe en el fenómeno Mochica se puede ver en la gran cantidad de investigaciones que hoy se llevan a cabo (Aceda y Mujica 1994), y en el número de publicaciones sobre diversos aspectos de este pueblo que aparecen cada año. Este desarrollo no está basado sólo en recientes descubrimientos, sino que es el resultado del aporte de una larga tradición de investigadores que comenzó con Max Uhle y Rafael Larco, y ha continuado con la contribución de un gran número de peruanos y extranjeros dedicados al estudio de esta sobresaliente sociedad.
Actualmente gran parte de las investigaciones sobre la cultura Mochica están dedicadas al estudio de tres grandes temas: la iconografía y la secuencia cerámica, y particularmente la estructura política regional. Una serie de recientes estudios están tratando de establecer cuántas regiones, entidades políticas o estados constituyeron el fenómeno Mochica. Tradicionalmente se aceptaba que los Mochicas fueron a lo largo de su historia un estado centralizado o una entidad política unificada y monolítica (Figura 1), controlada por una clase gobernante de sacerdotes guerreros desde una capital ubicada en las Huacas de Moche. Los Mochicas habrían difundido sus tradiciones a lo largo de un amplio territorio a través de un proceso de conquista militar. Esta concepción centralizada y expansiva está siendo cuestionada. Nuevos estudios arqueológicos sugieren que existirían contemporáneamente al menos dos grandes regiones Mochicas, una norte y otra sur, separadas por la Pampa de Paiján (Figura 2; Donnan 1990, n.d., Donan y Cok 1986).
Paralelamente se están reexaminando las peculiaridades del desarrollo de las manifestaciones culturales del fenómeno Mochica en diversas regiones, especialmente en cuanto a su secuencia cerámica. La secuencia cerámica Mochica de cinco fases, planteada por Lacro en 1948 y confirmada en numerosos estudios de colecciones y trabajos arqueológicos, si bien útil para explicar la evolución de la cerámica Mochica en la región sur (en adelante Mochica-Sur), aparentemente no tienen la misma utilidad en la región norteña del fenómeno Mochica (en adelante Mochica-Norte).
Nuevos descubrimientos y nuevas líneas de investigación han llevado a cuestionar la existencia de un estado Mochica único y unificado, y de una sola secuencia cerámica, pero a la vez han reafirmado la uniformidad de "lo Mochica" como entidad cultural. Es cada vez más claro que los Mochicas de diversas regiones compartieron a lo largo de su historia una serie de elementos en común, los cuales evitaron que las diferentes entidades políticas seconvirtieran en entidades culturales independientes.
Cuando pensamos en los Mochicas nos imaginamos una sociedad cohesionada, que compartía un ecosistema definido por los valles costeños de Piura a Nepeña (Donan 1978) y que estaba expuesta a ciclos de Niños y sequías. Es muy probable que los Mochicas hablaran una misma lengua, emparentada con la lengua Muchik (Carrera [1644] 1939); participaran en ceremonias muy semejantes, como la Ceremonia del Sacrificio (Alva y Donan 1993) y rindieran culto a los mismos dioses, especialmente Aia Paec (Lacro 1948, Castillo 1989). Una compleja jerarquización de la sociedad fue común a todas las entidades políticas Mochicas (Lacro 1938, 1939), mostrándose la posición de los individuos en todos los aspectos de la vida cotidiana; desde sus ropajes y joyería, sus armas y literas, los portadores y sirvientes que tenían, hasta su porte y musculatura que dependía, al fin y al cabo, de su dieta. Luego de su muerte cada individuo recibía un tratamiento funerario que reflejaba su posición en la sociedad a través del tipo y tamaño de su tumba y de los objetos depositados como ofrendas en ella (Castillo y Donan 1994, Donan n.d., Donan y Mackey 1978). Sabemos también que los señores Mochicas contaron con artesanos de gran experiencia, capaces de enroscar minúsculas laminas de oro y hacerlas parecer hilos (Alva y Donan 1993: Fig. 185), o de decorar ceramios y paredes con detallados diseños que mostraban ceremonias y rituales, así como animales silvestres y monstruos sobrenaturales (Uceda, et. al. 1994; Bonavia 1985; PACEB 1994). También construyeron algunos de los templos y residencias más suntuosas que se hayan visto en los Andes (Hass 1985). Si bien estos elementos nos hablan de una sociedad compleja y jerarquizada, son las semejanzas estilísticas de los artefactos producidos en diversas regiones y bajo distintas administraciones las que nos indican una tradición compartida y una fuerte interacción entre los Mochicas de diversas regiones.
Primera parte: una sola cultura mochica
La idea que los Mochicas constituyeron una sola entidad política y cultural es el resultado de las peculiaridades de la evidencia arqueológica. Para explicar como se llegó a esta interpretación queremos plantear tres fases en que las evidencias fueron colectadas e interpretadas. En la primera fase se determinó que existía una sola cultura Mochica, diferente e independiente de otras culturas prehispánicas. Esta cultura había antecedido a la irrupción de elementos asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación estuvo basada en la identificación en diferentes valles de la costa norte de un repertorio de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración, y de una comparación de este estiloe con el de objetos obtenidos en otras regiones, especialmente en la costa central.
En la segunda fase se definió que los artefactos cerámicos producidos por los Mochicas habían evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a una misma secuencia, configurada por Rafael Lacro en cinco fases estilísticas. Esta secuencia estuvo basada en un estudio sistemático de grandes colecciones de cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo Arqueológico Rafael Lacro H.), y de superposiciones de contextos funerarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad política expansiva y militarista, que durante las fases tres y cuatro alcanzó a conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña. Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica, especialmente de la cerámica elaborada que representaba a las clases gobernantes de esta sociedad.
• Una Sola Cultura
Las culturas precolombinas usualmente han sido definidas a través de conjuntos de objetos que comparten los mismos rasgos estilísticos, especialmente objetos cerámicos. Conjuntos de objetos con diferentes rasgos estilísticos representan diversas culturas, e interacciones entre estilos, por ejemplo cuando un estilos aparece influenciando a otro, se interpretan como interacciones entre diferentes entidades culturales. Una vez que el repertorio de rasgos ha sido definido, se estudia su distribución en el espacio para entender cuál fue el ámbito geográfico controlado o influenciado por una determinada cultura. Culturas arqueológicas son, por lo tanto, conjuntos de objetos distribuidos en el espacio, no de personas ni de las sociedades que las organizaron. El primer paso en la creación de una cultura prehispánica, entonces, es caracterizar un estilo cerámico, tanto a través del estudio de objetos en contexto, como de objetos en colecciones. Con la cultura Mochica la situación no fue diferente, y fue el peculiar origen de la muestra cerámica que se estudió lo que llevó a pensar amuchos investigadores, incluidos nosotros, que los Mochica habían sido una sola entidad cultural.
En el primer capítulo de la historia de los estudios sobre la cultura Mochica destacan tres personalidades: Max Uhle, investigador alemán que realizó las primeras excavaciones científicas en las Huacas del Sol y la Luna; Alfred Kroeber, uno de los pioneros de la antropología norteamericana que estudió en detalle las colecciones de Uhle; y particularmente Rafael Lacro, investigador peruano que dedicó su vida, y buena parte de sus recursos, al estudio de esta sociedad. Antes del trabajo de estos investigadores, si bien existían colecciones en el Perú y el extranjero que incluían piezas de esta tradición, la cultura Mochica no existía como entidad independiente. La primera tarea de estos investigadores fue, pues, aislar el fenómeno Mochica de otros fenómenos culturales, y ubicarlo en la secuencia de culturas del antiguo Perú.
Max Uhle, en sus excavaciones a principios de siglo en las Huacas de Moche, ubicó y excavó una serie de tumbas Mochicas, especialmente en las áreas definidas como sitios E y F al pie de la Huaca de la Luna (Uhle 1915, Kroeber 1925:213). Estas tumbas, lamentablemente nunca bien publicadas, contuvieron más de 680 piezas de cerámica estilísticamente muy consistentes. Muchas compartían la característica decoración pictórica en crema y ocre, y/o detallada decoración escultórica que permitían diferenciarlas fácilmente de otros estilos encontrados en el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 (1903). Uhle además determinó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la Luna (Uhle 1915:105), por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron esta fantástica cerámica.
Kroeber (1925), luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo, diferenciándolo de otros estilos encontrados en el sitio. La información estratigráfica recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas semejantes existían en otros Museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú. Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con colecciones existentes entonces en el American Museum of Natural History y el Peabody Museum. En estos museos Kroeber encontró ceramios con las mismas características estilísticas, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, pequeñas diferencias existían entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones, quizá debidas a factores cronológicos, en el estilo. Es decir que estas colecciones incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría hasta que no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.
En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Figura 3). Kroeber (1925:224-229) concluyó que el estilo Proto-Chimú "en realidad es característico sólo en [...] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo infrecuentemente en las dos áreas adyacentes (Casma al sur, y Pacasmayo-Chepén al norte), y no apareciendo en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aún cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local. Evidentemente existió durante un período de limitadas comunicaciones, probablemente de unidades políticas restringidas" (Kroeber 1925:228-229).
Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados por Uhle también estaban presentes en miles de piezas en colecciones existentes en el Perú, especialmente en la colección pionera que Víctor Lacro creara y que posteriormente fuera depositada en el Museo Nacional, y en la gigantesca colección que Rafael Lacro congregara en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y su enorme frecuencia. Se requería en este momento de un amplio corpus de piezas cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo y la iconografía Mochica. Rafael Lacro, a través de excavaciones de cementerios en diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa (1945:30-41), y de la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más grande y completa de cerámica Mochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa, que Lacro definió el estilo Mochica (1945:15, 1948).
El estudio de la cerámica Mochica emprendido por Lacro es radicalmente diferente al estudio de Kroeber. Kroeber analizó la cerámica Mochica solamente desde una perspectiva estilística, tratando de identificar elementos que permitieran fechar sitios y comprender la secuencia cultural de la costa norte. Kroeber estaba interesado en identificar culturas (entendidas como unidades estilísticas); Lacro estaba interesado en entender la mentalidad y la vida del hombre Mochica del pasado. Para Lacro la cerámica Mochica era primero un documento de la vida en el pasado, y sólo en segundo lugar una herramienta estilística o un instrumento cronológico. Es por esto que Lacro emprende y publica primero (1938, 1939, 1945) sus estudios interpretativos, donde describe al hombre Mochica y su sociedad, la religión y el arte, el gobierno y el culto a los muertos. Lacro entendía la totalidad de la producción cerámica Mochica como el resultado de un grupo de individuos compartiendo un mismo sistema cultural, un mismo idioma y una misma religión, y regidos por una misma élite y un mismo sistema político. No fue sino hasta 1946 y 1948 que Lacro publica su estudio de la secuencia estilística de la cerámica Mochica. Es por el énfasis en el individuo y no el estilo que Lacro denomina a este fenómeno con el gentilicio Mochica.
La acuciosidad y rigor del trabajo de Uhle, Kroeber y Lacro está fuera de duda. Lo que queda por discutir es sólo si la base de datos con que contaron estos investigadores era realmente representativa de la totalidad del fenómeno Mochica. Por lo temprano de estos estudios algunas omisiones son obvias. Kroeber, por ejemplo, afirma en 1925 que en el valle de Lambayeque las evidencias de la cultura Mochica "aún esperan ser descubiertas o por lo menos publicadas" (Kroeber 1925:228). Lacro, si bien menciona la presencia de cerámica Mochica en los valles de Piura a Casma, afirma en 1966 que en Lambayeque "es escasa la orfebrería Mochica y que tuvieron menor cantidad de oro a su disposición que los hombres de Lambayeque" (Lacro 1966b:97). Estas afirmaciones contrastan con la magnificencia de la tumba del Señor de Sipán, donde las asociaciones de los Mochicas con grandes cantidades de oro y con una fuerte presencia en el valle de Lambayeque quedan claramente confirmadas.
Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Lacro contaron para hacer sus observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Lacro, y de las grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo fur Volkerkunde en Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. En base a estas colecciones es que se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego comparados y confirmados con otras colecciones provenientes de estas mismas áreas.
Lacro sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Figura 1), pero por su reducido número los explicó en términos de "intercambio comercial y cultural entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque, Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspondientes a Mochica III, IV y V." (Lacro 1966b:94). Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de 1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén, en el American Museum of Natural History (1925:225-226). Había evidencias de presencia Mochica al norte del área cultural Mochica, pero estas evidencias, por su baja incidencia y esporádica aparición indicaban una presencia de naturaleza.
En los años sesenta, con el descubrimiento de cerámica Mochica en Vicús, surge la primera posibilidad de contrastar el estilo Mochica definido a partir de evidencias de la región sur de la costa norte, con una muestra de origen totalmente distinto. Lacro encontró en las piezas provenientes de Vicús suficientes elementos en común con ceramios Mochicas de fases tempranas como para calificar a este nuevo grupo de objetos como una nueva manifestación del mismo fenómeno cultural. Lacro reconoció en estas piezas el uso de las mismas formas, especialmente el asa estribo, los mismos o semejantes motivos decorativos, la bicromía, el tamaño y el peso, etc. La procedencia de este nuevo conjunto de ceramios era, en síntesis, prueba fehaciente de que, incluso desde muy temprano, la cultura Mochica, había controlado un territorio aún más vasto del presupuesto. Las diferencias entre estos nuevos objetos y los ya conocidos para el período Mochica I en la secuancia cerámica de Rafael Lacro, no eran destacables (Lacro 1965, 1966a).
En síntesis, la consistencia y unidad de la cultura Mochica se definió a partir de las semejanzas de un enorme conjunto de ceramios provenientes tanto de colecciones y museos (Kroeber 1925, Lacro 1938, 1939), como especímenes excavados arqueológicamente (Bennet 1939, Lacro 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915). Estas piezas demostraban una enorme consistencia estilística e iconográfica, que reflejaba la uniformidad cultural de la sociedad que las produjo. Ahora bien, esta consistencia estilística se debía a que los objetos estudiados, en gran medida, provenían de un área restringida, los valles de Chicama a Nepeña. Especímenes provenientes de los valles al norte del Chicama eran prácticamente inexistentes en estas colecciones, por lo que mal podían proporcionar evidencias de la diversidad del fenómeno cultural Mochica. La cultura Mochica descrita en la literatura es la cultura que se desarrolló en la región comprendida entre Chicama y Nepeña, es decir el Mochica-Sur. En este momento no era posible determinar si las conclusiones planteadas podían extenderse a la región norte, y hasta antes del descubrimiento de Vicús, esto era ser innecesario ya que el fenómeno Mochica parecía circunscribirse a la región sur de la costa norte.
• Una misma secuencia
Lacro no sólo tuvo acceso a la colección más grande de cerámica Mochica, él mismo excavó un gran número piezas en tumbas, dandose cuenta de sus asociaciones y relaciones estratigráficas (Lacro 1945). Estas excavaciones le dieron acceso a conjuntos de objetos de indudable contemporaneidad y a superposiciones de tumbas que reflejaban secuencias cronológicas. En base a esta información de campo y al estudio minucioso de las características formales de la cerámica, Lacro pudo establecer cinco fases sucesivas a través de las cuales evolucionó la cerámica Mochica (Lacro 1948, Figuras 4 a 9). Esta secuencia describe en gran detalle la evolución de la cerámica decorativa Mochica, especialmente de las botellas de asa estribo, a través de un minucioso estudio de aspectos formales, técnicos y decorativos.
La cronología Mochica esbozada por Lacro a principios de los años cuarenta y finalmente publicada en 1948 sirvió de base para una serie de estudios de campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El primero de estos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizo un estudio sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Lacro en la famosa Mesa Redonda de Chiclín, el 7 y 8 de Agosto de 1946.
Las ideas de Lacro y Kroeber fueron de mucha importancia para los jóvenes investigadores del proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracterización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles, James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma que la que Lacro denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que "si muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma escuela" (Ford y Willey 1949:66). Ford concuerda con Lacro en que la cerámica Mochica evoluciona en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina cerámica "principalmente en técnicas de decoración negativas" (Ford y Willey 1949:66). La cerámica Mochica llega a Virú, de acuerdo a Ford, como un estilo maduro y como resultado en un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarca los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la cerámica simple, que permanece usando las mismas formas y técnicas que en el período anterior.
Duncan Strong y Clifford Evans (1952), a cargo de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el proyecto, encontraron algunas diferencias entre la cerámica Mochica excavada por Uhle (Kroeber 1925) y Lacro (1945, 1948) y la cerámica de estilo Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para considerarlos expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, corresponderían con las fases III y IV de la cronología de Lacro.
La secuencia de Lacro fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos de reconocimiento regional y excavación, especialmente cuando se descubrieron tumbas Mochicas. Las asociaciones de objetos encontradas en estos trabajos concuerdan con las características señaladas por Lacro. En algunos casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre períodos contiguos, por ejemplo piezas Mochica III-IV, donde encontramos características de los períodos III y IV, o ligeras diferencias que podrían deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Lacro también fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donan 1965). Los resultados de este estudio confirmaron la secuencia de Lacro.
Christopher Donan (1973), y posteriormente Donald Proulx (1968, 1973), realizaron trabajos de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña respectivamente. Si la cerámica Mochica en estos valles periféricos era semejante a la planteada por Lacro, entonces la secuencia debía ser correcta. Donan, familiarizado con las colecciones de Uhle y con los resultados del proyecto Virú, encontró que la cerámica Mochica en Santa era casi idéntica a la reportada en Chicama, Trujillo y Virú. Proulx también encontró especímenes semejantes en Pañamarca y una serie de cementerios alrededor de este centro ceremonial en el valle de Nepeña. Proulx confirmó la presencia Mochica en Nepeña en mayor detalle que simplemente los magníficos murales de Pañamarca (Bonavia 1985, Schaedel 1951).
La mayor limitación de la secuencia de Lacro fue no incluir ceramios de manufactura simple y de uso doméstico. Ollas, cántaros simples, cuencos, y otras formas domésticas, figurinas y cántaros de cuello efigie no están reflejadas en la secuencia de Lacro. Esto ha hecho difícil utilizar esta secuencia para fechar gran cantidad de sitios Mochica que no presentan cerámica elaborada en superficie, o en estudios de contextos que no incluyen este tipo de cerámica. Una salvedad es de rigor en este punto. Por mucho tiempo se ha criticado el hecho de que Lacro no incluyera objetos de uso cotidiano en su cronología. Se argüía que, como coleccionista, Lacro no estuvo interesado en este tipo de objetos. Pero a juzgar por la evidencia disponible de tumbas excavadas arqueológicamente (Donan n.d., Donan y Mackey 1978) un aspecto notorio de las tumbas Mochicas en las áreas estudiadas por Lacro es la baja incidencia de materiales domesticos (Donan y Mackey 1978, Kroeber 1925). Ollas, cuencos, cántaros simples y otros recipientes rudimentarios, si bien se encuentran en contextos domésticos con cierta frecuencia, aparecen en cantidades muy limitadas en las tumbas. Adicionalmente estas formas no cambian de manera significativa a través del tiempo, lo que las hace de difícil inclusión en secuencias cronológicas.
La conclusión del trabajo de Lacro, y de las posteriores investigaciones en que éste fue comprobado y aplicado, es que la secuencia cronológica desarrollada por él es la mejor aproximación a la evolución del estilo Mochica con que se cuenta. Existiría, por lo tanto a partir de estos estudios una sola secuencia cerámica aplicable al fenómeno Mochica en las regiones estudiadas. La uniformidad en la evolución de la cerámica, a su vez confirmaría la noción de que los Mochicas fueron una sola entidad cultural. Lo que quedaba por definir era el ámbito geográfico al que aplicarían estas conclusiones.
Si bien gran parte de los investigadores han encontrado la secuencia de Lacro de gran utilidad, no todos están de acuerdo con la aplicabilidad irrestricta de esta cronología. Ultimamente un número de investigadores que trabajan en la región norte del territorio Mochica han cuestionado la validez de la secuencia descrita por Lacro (Kaulicke 1992, Shimada 1994). Peter Kaulicke, por ejemplo, afirma que "las subdivisiones de mochica (I hasta V) no se vislumbran claramente a través de las evidencias publicadas, ni para la zona sureña (territorio Mochica), ni para el norte. La deficiente precisión de los datos publicados (frente a una cantidad mucho mayor de datos inéditos) apenas permite una separación cronológica de elementos pre y post Mochica" (Kaulicke 1992:898). Para arribar a esta conclusión Kaulicke reexamina las evidencias funerarias disponibles, especialmente los contextos funerarios excavados en la Huacas de Moche por Uhle (1915, Kroeber 1925) y por el proyecto Moche-Chan Chan (Donan y Mackey 1978). En estas evidencias Kaulicke no encuentra sustento empírico para la cronología de Lacro, sino más bien evidencias para refutar su validez. A partir de nuestro propio análisis de los mismos datos, incluyendo el examen de las piezas inéditas de la colección de Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi inexistentes, existe suficiente información para confirmar la validez de la primera y las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la secuencia de Lacro, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la secuencia de Lacro sin contar con los materiales que este utilizó para establecer la secuencia o de las tumbas excavadas por Uhle, estos datos lamentablemente aún permanecen inéditos.
Todo parece indicar que la secuencia de Lacro describe básicamente la evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los materiales en los que se basa la secuencia. Trabajos de investigación en los valles de Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao (Víctor Pimentel comunicación personal) confirman la presencia Mochica en estos valles y validan la caracterización planteada por Lacro de su estilo cerámico. Este no es necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta región. Como se discutió antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque, Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Lacro realizaba sus estudios. No cuestionamos la validez de la secuencia de Lacro, sino su ámbito de aplicación. No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario construir una secuencia cerámica alternativa para estas regiones. Esta secuencia deberá ser compatibilizada con las cinco fases de Lacro a fin de permitirnos comparar los desarrollos de las diversas regiones.
• Una sola entidad política
La tercera característica de la sociedad Mochica, y por cierto la menos discutida, es la concerniente a su estructura política. Si bien nunca se ha publicado un tratado comprensivo acerca de la organización política de la sociedad Mochica, a través de los años se han planteado algunos argumentos acerca de su nivel de complejidad (ver Shimada 1994). Estos argumentos, como veremos, adolecen de los mismos defectos que discutimos en las dos secciones anteriores. En la caracterización de las estructuras políticas se ha proyectado lo que sabemos para la región sur a todo el ámbito Mochica, asumiendo que todos los valles de la costa norte estuvieron en algún momento bajo el control político de un estado centralizado con sede en Moche. El colapso de este estado fue, por lo tanto, el fin del fenómeno Mochica en toda la costa norte. En un estado centralizado esperamos que el desarrollo en diversas regiones sea idéntico o por lo menos congruente, es decir que las instituciones sociales, económicas e ideológicas debieron desarrollarse paralelamente, sólo alcanzando mayor complejidad en el centro administrativo. El impacto de agentes exógenos debió afectar a todas las regiones integradas bajo el régimen centralizado por igual. Esto es aparentemente lo que sucede con el estado que se desarrolló entre Chicama y Nepeña, pero la información disponible en este momento contradice estos argumentos para la zona al norte de la Pampa de Paiján.
La indicación más clara de la complejidad, capacidad administrativa y militar de la sociedad Mochica-Sur, y de la necesidad de integrar a la esfera del estado nuevos territorios y una fuerza laboral más extensa está dada por el proceso de expansión y conquista de los valles al sur de Moche. Se ha argüido que esta expansión está documentada en dos fuentes: en las escenas de guerra o combate características de la iconografía Mochica y en la distribución de una serie de artefactos y elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa. Ford, por ejemplo resume este proceso diciendo que " Chicama parece haber vencido en la carrera local por cohesión política y poder militar. El movimiento que esparció el fenómeno ceremonial Mochica hasta Nepeña fue casi seguramente militar en naturaleza" (Ford y Willey 1949:66). Ford veía en este proceso no sólo un aspecto militar, sino una expresión de instituciones que combinaban el poder físico de la guerra con el consenso generado por los sistemas ideológicos. El impacto e influencia de la ideología Mochica esta evidenciado en la producción y distribución de la cerámica ceremonial Mochica. Para Ford la ideología Mochica tuvo un papel preponderante en el proceso de incorporación de los territorios conquistados, cosa que se podía ver en las piezas decoradas que debieron de haber sido hechas por sacerdotes ceramistas, ligados a las clases gobernantes (Ford y Willey 1949:66).
La sociedad Mochica ha sido caracterizada con mucha frecuencia a partir de una serie de evidencias indirectas como una sociedad guerrera. Entre estas evidencias destacan ajuares funerarios de individuos adultos masculinos que incluyen parafernalia militar como porras, hondas, lanzas y mazas de guerra, y representaciones iconográficas donde dos grupos de guerreros combaten. Estas características han sido muchas veces usadas como demostración de la capacidad de esta sociedad para emprender la conquista de un amplio territorio. El uso de la iconografía Mochica como fuente histórica, como lo señalara Strong y Evans (1952:216-226) no sólo es peligroso sino que puede resultar francamente erróneo cuando se utiliza descuidadamente. La famosas escenas de guerra o combate presentan una serie de problemas si se quieren interpretar como ilustraciones de combates reales, especialmente si suponemos que representan los combates que se realizaron para expandir el territorio Mochica hacia el sur. En las escenas de combate ambos bandos en conflicto son, en la mayoría de los casos, Mochicas, en base a sus tocados, ornamentos y ropajes. En estas escenas rara vez se produce la muerte de un enemigo, sino que el derrotado es despojado de su tocado y sus ropajes, se le ata una cuerda al cuello y se le transporta a un recinto ceremonial, o en balsas. El destino final de los guerreros vencidos será la muerte por desangramiento, y la sangre será a su vez consumida "ritualmente" por una serie de divinidades (Alva y Donan 1993, Donan y Castillo 1992, 1994).
Si éstas son realmente representaciones de guerra resulta sospechoso que no se produzcan muertes, que luchen Mochicas contra Mochicas y que no hayan escenas de conquista o saqueo. Donan y Hocquenghem han planteado convincente e independientemente que lo que se representa son combates ceremoniales donde grupos de guerreros Mochicas se enfrentan, uno a uno y cuerpo a cuerpo, en pos de prisioneros para los rituales de la ceremonia del sacrificio (Alva y Donan 1993, Donan 1988, Hocquenghem 1987). El acentuado militarismo Mochica, sobre todo la guerra expansiva (Wilson 1988), no está necesariamente representado en el arte, como tampoco está su maestría en tecnología hidráulica, su capacidad para organizar grandes fuerzas laborales, su complejo sistema de comunicaciones, ni siquiera la producción especializada de cerámica, pinturas murales y otras actividades de la vida cotidiana.
La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochicas en los valles de Virú a Nepeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en estos valles en la fase III (Donan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988). A partir de este período estos valles son inundados con sitios de clara filiación Mochica, y muchos sitios asociados con la precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas constructivas, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el resultado de un cambio de mandos, y políticas.
Ya que es lógico asumir que la expansión Mochica no contó con el entusiasta apoyo de las élites locales, podemos deducir por la intensidad y el efecto que tuvo sobre la población local que ésta se realizó a través de un proceso de conquista militar, o que el proceso tuvo un fuerte componente de este tipo. Hay que reconocer en este punto que carecemos de evidencias arqueológicas directas que nos indiquen cuál fue la mecánica de la expansión. A raíz de esta conquista grandes centros Mochicas aparecen en las partes bajas de los valles (Huancaco, Pampa de los Incas). La cerámica asociada con estos centros es a partir de este momento el ubicuo estilo Mochica IV, caracterizada por Moseley como el estilo corporativo de esta sociedad (1992). A partir de estas evidencias se concluye, por lo tanto, que durante la fase Mochica IV todas las áreas de la costa entre Chicama y Nepeña estuvieron bajo el control de un único y unificado estado Mochica.
El fenómeno expansivo evidenciado en los valles del área Mochica-Sur es el resultado del crecimiento de un sistema estatal centralizado. La naturaleza estatal de la sociedad Mochica-Sur resulta una interpretación obvia de una abrumadora cantidad de evidencias. Entre estas destacan evidencias funerarias (Donan n.d., Donan y Mackey 1978) y de organización interna de los sitios (Bawden 1977, Topic 1977) que indican que la sociedad Mochica estuvo complejamente jerarquizada, con posiciones sociales definidas desde el nacimiento y con una élite gobernante que basaba su poder en una combinación de coerción y consenso a través de la manipulación de violencia institucionalizada y de rituales así como otros mecanismos ideológicos. Los Mochicas tuvieron una economía planificada, centralizada y al servicio preferente de las élites gobernantes, con un vasto número de especialistas controlados por el estado, y un uso casi ilimitado de la mano de obra de los segmentos sociales dependientes. La magnitud de las obras públicas emprendidas por los Mochicas, tanto de infraestructura productiva como ideológica, implican niveles de trabajo y de planificación sorprendentes. La elaboración en las ceremonias religiosas, especialmente las relacionadas con el sacrificio de prisioneros y con rituales funerarios, y la participación diferenciada en ellos de diversos segmentos de la población (Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo 1992, 1994) demuestran la importancia de este ámbito en la sociedad Mochica. Evidencias de todos estos aspectos, y no sólo unas cuantas piezas cerámicas, aparecen implantadas en los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña a partir de la fase Mochica IV.
Al sur del valle de Nepeña encontramos algunas evidencias de presencia Mochica, pero ninguna que implique ocupación permanente o control geopolítico. En el valle de Nepeña, que correspondería a la frontera sur del estado Mochica-Sur, encontramos una distribución de sitios Mochicas muy peculiar y que permitirían entender algunas características del proceso expansivo. En el valle de Nepeña, a diferencia de Virú y Santa, no encontramos un conjunto de sitios de diverso tamaño y función distribuidos homogéneamente a lo largo del territorio, sino un único gran centro ceremonial, Pañamarca, rodeado de pequeños cementerios (Proulx 1968, 1973). Este gran centro ceremonial vendría a ser un puesto de avanzada, con el que los Mochicas habrían iniciado la penetración en el valle de Nepeña. Este puesto está constituido, contrariamente a lo que podríamos imaginarnos, no por un edificio militar o defensivo, o por una sede administrativa, sino por un centro ceremonial. Encontrar templos donde esperábamos fortalezas nos permite entender que la ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado Mochica.
Como se discutió en las secciones anteriores, debemos de preguntarnos cuál es el ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza política del estado Mochica. Lacro y otros investigadores pioneros formularon sus interpretaciones pensando, nuevamente, en el área nuclear, y no en los valles de la periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones serían válidas sólo a ella. Lacro estuvo en lo cierto al pensar que toda esta región estuvo en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política segmentada en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía gozaron las diversas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, no lo podremos saber hasta que no se realicen más excavaciones en sitios domésticos y centros administrativos Mochicas. En cualquier caso, Lacro ya afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un conjunto de gobernantes regionales, los Alaec (Lacro 1945:22-23). Lacro dedujo esta organización sólo de la distribución de vasos retratos; posteriormente sus ideas han sido corroboradas en base al estudio del patrón de asentamiento en los territorios conquistados.
Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los resultados de proyectos realizados al norte de esta región. Una de las diferencias más significativas es que la cerámica de los periodos Mochica III y IV, el estilo corporativo directamente asociado con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur respectivamente, y encontrado en enormes cantidades en los valles entre Chicama y Nepeña, sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque. Cómo explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no se vea reflejado en ninguno de estos valles. Se trata acaso de un problema en la muestra, o estas diferencias obedecen a diferencias estructurales, es decir son el resultado de la acción de estados o entidades políticas distintas. La circunscrita aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas comienza a ser evidente cuando se trata de aplicarlas a los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región desde los años 60' comenzaron a aparecer importantes evidencias de la ocupación Mochica. En estos valles aparecen evidencias que permiten definir grupos semejantes en muchos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo independiente y con características peculiares en su cultura material que serán discutidas en la siguiente sección.
Segunda Parte: Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur
Hasta este momento nos hemos limitado a cuestionar la idea que sostenía que la cultura Mochica, en todas las regiones donde ocurrió, fue el resultado del mismo fenómeno político y social. Si esta noción no es válida, y lo que entendíamos como Mochica sólo es aplicable a la esfera sur de este fenómeno, entonces cómo debemos caracterizar a la sociedad Mochica-Norte.
La intención de esta sección no es dar cuenta definitivamente de todas las características del fenómeno Mochica-Norte. Esta tarea es teórica y prácticamente imposible a estas alturas por cuanto la mayor parte de la información arqueológica que se tenía antes de 1985 tiene que ser analizada e interpretada nuevamente, y la información que se ha recogido después de esta fecha en su mayoría aun no ha sido publicada. Lo que podemos hacer con los datos con que contamos es ofrecer una perspectiva regional, la del valle del Jequetepeque, donde se han concentrado nuestras investigaciones hasta la fecha.
Una salvedad es de rigor en este punto para evitar caer en el mismo tipo de error que se critica aquí. El valle del Jequetepeque, y la historia cultural que allí estamos reconstruyendo con un programa sistemático de investigaciones, no necesariamente deberá ser entendido como un microcosmos de la historia cultural de toda la región Mochica-Norte. Es muy posible que los resultados con que contamos para esta región nos presenten un desarrollo que, si bien más cercano a lo que aconteció en Lambayeque y Piura que lo que pasaba en la región sur, es sin embargo sólo una expresión regional. No podemos asegurar, en resumidas cuentas, si los diferentes valles de la región Mochica-Norte no tuvieron desarrollos independientes. Todo parece indicar, por ejemplo, que la secuencia de Piura sería distinta, y posiblemente más corta que la secuencia de los otros valles; Lambayeque, por otro lado experimentó un florecimiento durante el período Mochica Tardío que no es comparable con el de los otros valles. Dicho esto podemos regresar a las diferencias entre el Mochica-Norte y el Mochica-Sur, y la secuencia planteada aquí para caracterizar el desarrollo del fenómeno Mochica-Norte en el valle del Jequetepeque.
Aparentemente los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura estuvieron física y culturalmente separados de los valles del territorio Mochica-Sur. Entre las dos regiones se encuentra la Pampa de Paiján, una llanura desértica de más de 50 kilómetros de extensión que sirvió como barrera natural y cultural para sociedades prehispánica antes y después de los Mochicas (Donan y Cok 1986b). Esta barrera no sólo fue cosa del pasado; Trujillo y Chiclayo, cada una con sus respectivas órbitas de influencia, marcan todavía la separación de las dos grandes regiones de la costa norte. La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo Mochica en Jequetepeque indica, más bien, que los Mochicas de Jequetepeque mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa norte con la zona andina central. Estos intercambios experimentaron un inusitado desarrollo durante las primeras fases del horizonte medio, coincidiendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones, entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.
Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmente la compleja cerámica ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los prestamos y las idiosincrasias locales.
Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones cerámicas sureña y norteña:
a) la escasez pronunciada de cerámica Mochica-Sur de la fase IV y de una serie de formas como huacos retratos, cancheros y floreros en los valles al norte de la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo Mochica IV (Castillo y Donan 1994);
b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana, especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o animales (Donan 1990, Narváez 1994);
c) la predominancia de jarras y cántaros de cara-gollete en las fases Media y Tardía del Mochica-Norte (Ubbelohde-Doering 1983); y
d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el período Mochica-Norte Tardío (McClelland 1990, Donan y McClelland 1979).
• El fenómeno Mochica Norte
El primer indicio que nos reveló que la secuencia cerámica, y por lo tanto la historia ocupacional de las dos regiones de la costa norte habían seguido diferentes derroteros fue la carencia de una serie de formas y estilos comúnmente asociados con el fenómeno Mochica-Sur. Dos formas son peculiarmente escasas: los floreros, y los cancheros. Algunos floreros de estilo Mochica V han sido excavados en Pampa Grande (Shimada 1976:194) pero podrían haber sido importados desde el sur. Igualmente cancheros han sido reportados muy pocas veces en la región norte, en Sipán (Alva, comunicación personal 1994) y en la región de Vicús (Makowski, comunicación personal 1994). Tampoco aparecen en esta región los llamados huaco retratos. La carencia de estas formas, de acuerdo a lo planteado por Lacro, significaría que esta región no estuvo dentro del ámbito de control de los Cie quich con sede en Moche y Chicama.
La escasa presencia de cerámica de estilo Mochica IV en los valles al norte de la Pampa de Paiján es aun más significativa. Es importante recalcar que no se trata de una absoluta carencia ya que existen algunos reportes de cerámica Mochica IV en la región, sino de una escasez pronunciada, especialmente en relación a las cantidades que encontramos en los valles de la región sureña. Carlos Elera (comunicación personal, 1994) excavó un conjunto de ceramios de este estilo en Puerto de Eten (ver Shimada 1994:55). Carlos Deza (comunicación personal, 1993) afirma haber visto a huaqueros ofreciendo piezas Mochica IV en el valle de Zaña. Izumi Shimada también ha reportado este tipo de cerámica para una serie de sitios en Batán Grande pero sin documentar sus aseveraciones (1994). En colecciones del valle del Jequetepeque existen algunas pocas piezas en este estilo, pero parecen haber sido traídas desde el sur. Shimada (1994:39) publicó un mapa de "las ocupaciones Moche documentadas" en los valles de Reque-Chancay y Zaña con indicaciones de las fases Mochicas en que estos sitios fueron ocupados. Una inspección directa de una serie de los sitios presentados en dicho mapa (Santa Rosa, Sipán, Saltur, Collique y Cerro Corbacho) arrojó resultados negativos en cuanto a la presencia Mochica IV. Tampoco encontraron este estilo de cerámica investigadores que han trabajado en esta región por varios años (Walter Alva, Jorge Centurión, y Carlos Wester; comunicación personal, 1993). Con relación a Pampa Grande, también mencionada en dicho mapa, si bien en un reconocimiento parcial del sitio no pudimos encontrar materiales Mochica IV es posible que excavaciones estratigráficas pudieran haber producido este tipo de materiales. Esperamos la publicación de los resultados de la investigación de Kent Day y Izumi Shimada donde estas incógnitas deberán ser resueltas y documentadas.
En conclusión, existen evidencias de la presencia de cerámica de estilo Mochica IV en la región norte, pero en cantidades muy limitadas y en contextos muy mal documentados. Por falta de información contextual no se puede determinar aún si se trata de piezas intercambiadas, o de evidencias de pequeños asentamientos controlados por los Mochica-Sur. Aparentemente un cierto intercambio de cerámica existió entre las dos regiones (Lacro 1966b. También se intercambiaban piezas de cerámica con la sierra norte aledaña, conchas de spondylus con el Ecuador y plumas con la región amazónica. Por cierto, ninguno de estos intercambios tuvo consecuencias de largo plazo en términos de la identidad o independencia política del estado Mochica-Norte. El conjunto de piezas encontrado por Elera en un pozo de prueba en el Puerto de Eten, y los materiales encontrados por Shimada en Batán Grande podría corresponder a la segunda posibilidad, un pequeño asentamiento. Lo que resulta sospechoso es que, hasta la fecha, sitios arqueológicos Mochica IV, especialmente sitios de la magnitud de los asentamientos encontrados en los valles de Chicama a Nepeña, no han sido reportados. Si los Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo hicieron a través de un sistema de asentamientos insólito y que además ha burlado a cinco generaciones de arqueólogos.
Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados Mochicas es muy importante. Moseley definió acertadamente al estilo Mochica IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en un sitio arqueológico delata la presencia, y en algunos casos permite documentar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo confirman que hayan habido contactos entre estas entidades políticas, cantidades limitadas de este estilo cerámico no pueden ser interpretadas como evidencias de la conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Ninguno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera. En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que también pueden ser considerados corporativos, con características propias que reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la cercanía cultural de las dos regiones Mochicas, presentan muchos rasgos en común con su contraparte sureña, sin embargo su desarrollo, es decir su secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a enfatizar que diferencias en las estructuras políticas no necesariamente indican diferencias culturales, es decir que los Mochicas constituyeron diferentes estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados Mochica-Norte y Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes. La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político de las élites aparece como uno de los más importantes elementos de intercomunicación entre estos estados.
• La secuencia cerámica del Mochica Norte
Las diferencias entre las tradiciones cerámicas Mochica-Norte y Mochica-Sur permiten aislar estos dos estilos y seguir independientemente su desarrollo. En el caso de la cerámica Mochica-Norte este desarrollo puede ser dividido, en este momento, en sólo tres fases: Mochica Temprano, Medio y Tardío (Castillo y Donan 1994). Las tres fases del Mochica-Norte en Jequetepeque (Figura 10) han sido reconstruidas a partir de un cuidadoso análisis de datos estratigráficos provenientes de las excavaciones en San José de Moro (Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.) y Pacatnamú (Donan y Cok 1986b, Ubbelohde-Doering 1983), del examen de contextos funerarios excavados en La Mina, Pacatnamú y San José de Moro (Castillo ms., Castillo y Donan 1994, Donan y Castillo ms., Donan y Cok 1986b, Donan y McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983) y de información derivada de un análisis cuidadoso de colecciones locales. La información estratigráfica encontrada hasta la fecha sugiere dos períodos ocupacionales, que incluyen la construcción de tumbas, que estarían asociados con especímenes cerámicos de lo que más adelante se caracteriza como Mochica Medio y Tardío. No se ha podido ubicar aún evidencia estratigráfica para la fase temprana de la secuencia, sin embargo, es posible encontrar conjuntos de ceramios que corresponderían con este período. En base a estos datos se han podido organizar más de ciento treinta entierros Mochicas excavados arqueológicamente en Jequetepeque en estos tres períodos. Los materiales asociados con estos entierros, y su ocurrencia en los perfiles estratigráficos han permitido reconstruir las tres fases estilísticas de la cerámica Mochica en el valle del Jequetepeque.
• El período Mochica Temprano
De los tres períodos que conforman la secuencia ocupacional Mochica del valle del Jequetepeque, el período Mochica Temprano es el menos documentado. Evidencias de este período han sido encontradas en sólo cuatro sitios del valle: Pacatnamú, La Mina, Tolón y Dos Cabezas (Figura 10). Lamentablemente, con contadas excepciones, la mayor parte de la información que poseemos de la ocupación Mochica Temprano de estos sitios no ha sido documentada arqueológicamente. Por esta razón casi toda la cerámica que podemos reconocer para este período es de alta calidad; ceramios de calidad media, como jarras y figurinas, o ceramios simples de uso doméstico, como ollas y cuencos, son casi desconocidos.
En Pacatnamú, ubicado al norte de la desembocadura del río Jequetepeque, el período Mochica Temprano está representado únicamente por una botella con asa estribo modelada en forma de búho (Figura E1). Este ceramio fue excavado por Heinrich Ubbelohde-Doering en una simple tumba de pozo junto con una olla con cuello que posiblemente pertenece al período Mochica Medio (Ubbelohde-Doering 1967:26, 67; 1983: 128-129). Cabe la posibilidad que la tumba, y no sólo la olla, pertenezca al período Mochica Medio, en cuyo caso la botella con asa de estribo habría sido considerablemente antigua cuando fue puesta en la tumba. Ninguna de las otras 126 tumbas Mochicas excavadas en Pacatnamú contenían cerámica diagnóstica para el período Mochica Temprano, así como tampoco se reportaron fragmentos de cerámica de este período de las extensas excavaciones conducidas en el sitio por Ubbelohde-Doering en 1937-39, 1953-54 y 1962-63, y por Donan y Cok entre 1983 y 1987. Esto implica que si bien Pacatnamú tuvo una ocupación Mochica significativa durante los períodos Medio y Tardío, el sitio no fue ocupado durante el período Temprano.
El sitio de La Mina es posiblemente el lugar más importante donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada (Donan 1990, Narváez 1994). La Mina se encuentra en la margen sur del valle del Jequetepeque, aproximadamente a 5 kilómetros del mar (Figura 10). La historia de la excavación de la Mina es un tanto penosa, ya que si bien es el único sitio Mochica Temprano que se ha podido excavar arqueológicamente, esto fue posible únicamente después de que los huaqueros habían dado cuanta de casi todo el contenido de la tumba. Aproximadamente a mediados de 1988, un grupo de huaqueros comenzó a extraer una gran cantidad de objetos de oro, plata y cobre aparentemente de una rica tumba Mochica en el valle del Jequetepeque. La tecnología, forma y extraordinaria calidad artística de estos objetos (Lavalle 1992) era similar a la de objetos encontrados en las tumbas reales excavadas por Walter Alva en Sipán, en el valle de Reque (Alva 1988, 1990; Alva y Donan 1993; Figuras 1 y 2). Sin embargo, el estilo de estas piezas era suficientemente diferente del estilo de los objetos encontrados en Sipán como para distinguir fácilmente ambos conjuntos (Donan 1990). Junto con los objetos metálicos los huaqueros aparentemente encontraron un gran número de botellas de cerámica modeladas en forma de seres humanos, animales y aves, incluyendo búhos casi idénticos a la botella encontrada por Ubbelohde-Doering en Pacatnamú.
En Mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación de salvataje a cargo de Alfredo Narváez, y con la colaboración de Christopher Donan y Alana Cordy-Collins (Narváez 1994, Donan 1990). Excavando cuidadosamente un área de la tumba que no había sido disturbada, los arqueólogos encontraron siete botellas de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Figura E2). Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones, un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola (Figura E3), un búho (Figura E4), y un individuo sentado con un tocado circular (Figura E5). También se encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de un cóndor (Figura E6) y una jarra con abultamientos en la cámara (Figura E7). Los ceramios recuperados arqueológicamente de La Mina estaban todos rotos por compresión debido al peso del relleno. Más aún, durante la excavación de salvataje se recuperaron numerosas piezas de concha cortada que originalmente fueron incrustaciones usadas para adornar los ojos y otros accesorios de las piezas cerámicas que fueron extraídas de la tumba por los huaqueros.
Tolón, un tercer lugar en donde se encontraron especímenes cerámicos del período Mochica Temprano, a diferencia de los otros tres sitios está localizado en la margen sur del valle medio del Jequetepeque, aproximadamente a 33 kilómetros del mar (Figura 10). A mediados de los años setenta un numero de tumbas simples de pozo conteniendo ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas del sitio (Figuras E8 a E16). Estas piezas están modeladas en forma de individuos sentados o arrodillados (Figuras E8 a E11), felinos (Figuras E12 a E14) y aves, incluyendo búhos (Figuras E15 y E16). Muchas de estas piezas son casi idénticas a las encontradas en La Mina (por ejemplo, comparar las figuras E5 y E9), y por lo tanto su contemporaneidad y afiliación estilística parece segura.
El cuarto sitio donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada es Dos Cabezas (Figura 10), ubicado al sur de la desembocadura del río Jequetepeque. El sitio está constituido por varias pirámides de regular tamaño, áreas de aparente carácter doméstico adyacentes a las grandes estructuras y lo que parecen ser basurales, que además contienen evidencias de pequeñas habitaciones y numerosos fogones. Si bien Dos Cabezas no ha sido aún excavado arqueológicamente, un examen cuidadoso de los fragmentos de cerámica que se encuentran en el sitio sugiere que su ocupación incluye tanto el estilo Virú, que normalmente precede al estilo Mochica, así como el período Mochica Temprano. Hasta que no se realicen excavaciones en el sitio no se podrá determinar cual es la relación exacta entre estos dos estilos, es decir si uno precede al otro o si ambos son contemporáneos. Además de estas evidencias, se sabe que un número de tumbas que contenían ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas de Dos Cabezas a principios de los años ochenta. Estas piezas incluirían los característicos felino .
Las investigaciones realizada en la costa del Perú refleja que existen lugares que no han sido investigados esperemos que el gobierno , instituciones privadas apuesten por este tipo de investigaciones que son de beneficio a todo el país y en especial al turismo.
servido por akira
sin comentarios
compártelo
21 Noviembre 2009
Los resultados del examen de profesores organizado por el ministerio de educación el presente año 2009 donde se tendría que medir la capacidad de los docentes de todo el país ha sugerido algo muy extraño el mencionado resultado el día jueves fue presentado atravez de la pagina web oficial del mencionado ministerio .
resulta que miles de maestros que fueron a ver sus resultados se dieron la ingrata noticias en un caso de no haber aprobado el mencionado examen en otros jubilosos celebraban su logro pero al trascurrir las horas del día en cuestión el ministerio de educación en su página oficial saca un comunicado donde expresa que había un error en los resultados aduciendo que las mencionada notas sehabia cometido un error.este error consistia quese les había corrido un casillero razón por la cual se había ratificado dicho error. pero siendo suspicaces este tipo de fallas se prestan a murmuraciones y malas interpretaciones circunstancias que son aprovechadas por inescrupulosos mafiosos y coimeros de los amigos y compañeros del actual partido de gobierno si no recuerden las mafia de los petroaudios donde costo hasta la salida de un gabinete quién nos asegura que no haya sucedido lo mismo en el tan proclamado examen de evaluación de profesores donde los amigos de los apristas que extraño sale aprobados.
Donde esta el ministro Chan cuando desea proclamar a los cuatro vientos sus logros convoca a toda los medios de la prensa nacional y ahora porque no indalgamente sale a retificarse a tan tremendo error dando entrevistas en los principales medios de comunicación solo nos entrega un sencillo comunicado.donde esta la meritocracia de sus funcionarios donde está la planificación la organización que reclama a todos los docentes de Perú, ministro Chan salga a decir algo no juegue con los maestros, los maestros del Perú le exigimos una explicación de su parte no solo publique un escueto comunicado queriéndonos tomar el pelo a los maestros del Perú, si me piden pruebas pruebas hay a continuación les presento el comunicado que publica el ministerio en su página oficial para mayor información acudan a esta dirección .http://www.minedu.gob.pe/cpm/.
Concurso Público para Nombramiento de Profesores al I Nivel de la Carrera Pública Magisterial
Consulta en línea de los Resultados de la Prueba Nacional Clasificatoria.
Comunicado
Se comunica a los profesores postulantes del Concurso Público para Nombramiento en el I Nivel de la Carrera Pública Magisterial, que en la publicación de los resultados se ha producido un error debido al desplazamiento de las filas del listado ordenado de los postulantes, por puntaje obtenido; hecho que se ha corregido inmediatamente.
La nueva publicación que aparece en el portal institucional es la oficial.
Lima, 19 de noviembre de 2009 17:00 hrs
La Comisión de Evaluac
servido por akira
sin comentarios
compártelo
17 Octubre 2009
WASHINGTON - La NASA hizo estrellar el viernes dos artefactos espaciales en el polo sur de la Luna, en un intento por detectar hielo oculto bajo la superficie, pero pasadas casi dos horas después, las prometidas imágenes espectaculares del espectáculo estaban ausentes.
Confirman impacto
Los instrumentos confirmaron que un cohete vacío se estrelló en el satélite natural a las 11:31 GMT, seguido cuatro minutos después por una sonda con cámaras que se supone sacaron fotografías del primer impacto.
El gran espectáculo que la NASA había prometido, sin embargo, realmente no ocurrió. Las pantallas mostraron imágenes borrosas y ninguna fotografía inmediata del impacto o de la nube de polvo lunar de seis millas de alto que buscaba crear la misión.
Las autoridades de NASA dijeron que sus instrumentos estaban trabajando, pero que las planeadas fotografías en vivo estaban ausentes.
Promesa incumplida
Casi media hora después de los impactos, la NASA había prometido colocar fotografías recién obtenidas en su sitio en Internet, pero hasta una hora después sólo se mostraban imágenes de la aproximación, dijo el vocero de NASA Grey Hautaluoma.
Muchas personas se levantaron antes del amanecer para observar el impacto del cohete. Quienes asistieron al Observatorio Griffith de Los Angeles se veían unos a otros desconcertados.
El cohete experimental y la sonda que lo siguió estaban en una misión de búsqueda de hielo oculto bajo la superficie lunar. El impacto deliberado del cohete no tripulado buscaba levantar una nube de polvo lunar para ver si entre los residuos había rastros de agua.
Datos de la misión
La sonda espacial, llamada LCROSS (L-cross), iniciales en inglés de Satélite para la Observación y Medición del Cráter Lunar, tenía cinco cámaras y cuatro instrumentos científicos más a bordo.
Antes de estrellarse también, se suponía que la sonda estaría sacando fotos y transmitiéndolas a la Tierra.
En el primer golpe del viernes, una parte de 2,2 toneladas de un cohete chocó contra la Luna al doble de la velocidad de una bala, lo cual equivale a la potencia de 1,5 toneladas de dinamita.
Cuatro minutos después ocurrió lugar el segundo, con una fuerza menor. Como estaba planeado, la sonda enviada por la NASA se separó en dos partes la noche del jueves.
Efectos menores
Para quienes temen que choques semejantes a los del viernes pudieran causar un cambio de órbita del satélite o la caída de pedazos enormes en la Tierra, los científicos de la agencia espacial tuvieron algunas palabras tranquilizadoras.
Aseguraron que ese tipo de colisiones no tienen en la Luna un efecto mayor a una pestaña que cae en un avión. Aunque el impacto puede parecer grande, así también es la Luna.
Además, esto es algo que ocurre cuatro veces al mes en la Luna, afirmó Dan Andrews, el jefe de la misión. La única diferencia es que las otras colisiones son de rocas espaciales.
No es la primera vez
Se trató de la vigésima colisión artificial con la Luna, cuya mayoría ha sido a propósito, desde que los rusos realizaron la primera hace 50 años, que se cumplieron el mes pasado. Esto sin contar las ocho veces en que el hombre lo intentó pero por alguna razón no acertó a la Luna o no pudo efectuar el despegue.
La idea de los terrícolas dándole manotazos a la Luna ha permeado en la cultura popular por más de un siglo.
La imagen más presente data de la película clásica de 1902 "Viaje a la Luna", en la que un cohete con forma de bala se encaja en un ojo del rostro humano que representa al satélite.
servido por akira
sin comentarios
compártelo